COTUn índice consiste en un valor determinado mediante unos cálculos estadísticos que refleja el comportamiento medio de un mercado, del que es considerado representativo.

Para ello se escogen unas empresas del correspondiente mercado, mediante unos criterios determinados, y se ponderan por pesos diferentes. La metodología utilizada es la que se conoce como media ponderada, pues ésta proporciona más o menos peso a los títulos según un factor de ponderación (o varios).

Existen multitud de índices y subíndices calculados sobre todo tipo de mercados y sectores.

Cada índice se elabora siguiendo una metodología propia, en próximos artículos analizaremos el método de cálculo de alguno de ellos en profundidad.

El Ibex 35 es un índice de precios (tiene en cuenta variaciones de precios y no dividendos) y ponderado por capitalización.

Los principales índices de referencia utilizados son el Ibex 35 en España, el Eurostoxx 50 en Europa, en EEUU el SP 500 así como el Nasdaq y el Dow Jones I.A., el FTSE 100 en UK, el CAC 40 en Francia, el DAX en Alemania, el AEX en Holanda o el Nikkei 225 en Japón.

¿Qué significa el valor de los puntos de un índice?

La valoración del índice en puntos no tiene un significado intrínseco, en el momento de creación del índice se escoge un nivel de salida, que puede ser cualquier cifra, por ejemplo 1.000 puntos o 3.000, ese punto de inicio se denomina Base y se determina de forma arbitraria.

A partir de ahí el índice oscila en función del comportamiento medio de las acciones que lo componen y su ponderación, siempre en términos porcentuales y considerando la ponderación de cada título que compone el índice.

Por ejemplo el valor Base del IBEX35 es de 3.000 puntos a 29 de diciembre de 1989.

¿Para que sirve un índice?

Tradicionalmente los índices han servido como referencia del comportamiento de un mercado o sector, así como de las carteras y las inversiones realizadas en el mismo.

El uso de un índice como referencia, para tratar de batirse con él, es lo que se conoce como seleccionar un “benchmark”, índice o activo de referencia con el que nos comparamos, “marca de referencia”.

Una vez elegido un benchmark se suele considerar buena una rentabilidad superior a la del índice, así como también es considerada adecuada una volatilidad inferior a la del índice.

En las últimas décadas los índices han empezado a utilizarse, además de cómo elementos de referencia, como subyacente en productos derivados y nuevos productos como los etf’s, permitiendo su utilización para funciones diversas como crear carteras cortas o largas, cubrir carteras o realizar estrategias complejas.

También sobre los índices, recientemente se han creado los ETF’s, fondos de inversión que replican determinados índices y cotizan en tiempo real con liquidez como la de las acciones.

Actualmente los índices pueden ser comprados y vendidos como si fueran acciones, otorgándose a estos una nueva función para la que no habían sido ideados en un principio.

Los índices y la realización de carteras (alcistas o bajistas)

En lugar de crear una cartera de acciones que replique el índice Ibex35 con sus 35 acciones y las comisiones que comporta, podemos adquirir opciones o futuros sobre el Ibex 35 como subyacente y participar en los movimientos de este sin adquirir ninguna acción, desembolsando solo una parte de la inversión (garantía). De este modo con inversiones reducidas (por ejemplo 10.000€) podemos tener exposición a todos los componentes del Ibex, cosa que acción por acción no sería viable con un importe como ese.

Además de ahorrar comisiones y poder apalancarnos simplificamos la gestión al tener únicamente un activo y por tanto una orden que poner.

Los derivados permiten la adopción de posiciones cortas con los mismos costes e implicaciones que las posiciones largas, por lo tanto permiten invertir a la baja de un índice y ganar lo que este caiga.

Los índices y la cobertura de carteras

También podemos cubrir una cartera (neutralizarla), cosa que desearíamos por ejemplo si mantenemos una inversión a largo plazo pero tememos un recorte de corto plazo, si bien manteniendo el interés por los dividendos.

Por ejemplo, si la cartera se compone mayoritariamente de acciones del mercado Español, podemos cubrir el riesgo de precio vendiendo futuros del Ibex35. De este modo, si el mercado baja, obtendremos unos ingresos por cada punto que descienda el subyacente, en este caso el Ibex, que compensarán en mayor o menor medida las pérdidas originadas en la cartera de acciones, deberemos calcular el número de contratos, si bien aún determinándolos, la correlación entre subyacente y activo (la cobertura) no será perfecta.

El nivel de correlación entre los ingresos obtenidos y las pérdidas sufridas vendrá dado por la correlación del comportamiento de la cartera con el del Ibex, que será mayor cuanto más se asemeje a la composición de la cartera a la del índice. La correlación sería perfecta si la cartera fuese una réplica del Ibex 35, si bien los futuros dependen también del tipo de interés y las expectativas.

Probablemente nunca lleguemos a la correlación perfecta, pero lograremos coberturas bastante aproximadas y podremos ahorrar grandes pérdidas, con comisiones mucho menores que la venta de acciones.

También se pueden comprar y vender derivados sobre opciones y realizar así coberturas, las desventajas son la mayor complejidad operativa y que  la liquidez sobre derivados de acciones es menor, si bien de este modo se podría afinar mucho más la cobertura.

Los índices y la realización de estrategias complejas

Mediante la combinación de derivados sobre diversos índices se pueden realizar estrategias complejas de diversos tipos, por ejemplo si creemos que un índice va a comportarse mejor que otro pero sin saber si van a subir o van a bajar, es suficiente con que tengamos una previsión del comportamiento relativo entre ambos índices.

 Existen múltiples tipos de estrategias complejas que iremos explicando en artículos posteriores.