El problema no es el déficit ¿Qué más tiene que hacer España?
El problema no es el déficit y la crisis en España no es únicamente financiera. Existen males estructurales en la economía Española, son males conocidos y cuya solución se está aplazando en el tiempo a base de medidas temporales que generan asignaciones de los recursos lejos de la realidad del mercado y han creado otro problema que es el déficit.
Los males estructurales en España son, entre otros, el empleo, la vivienda, la energía, la competitividad y las pensiones. Estos males, si no se afrontan, van a ir empeorando uno tras otro y nos pueden dejar sumidos en un periodo recesivo de larga duración con espejismos intermedios como el vivido en los últimos doce meses.
Las medidas hasta ahora utilizadas para subsanarlos no lo hacen, en muchos casos los empeoran y además están generando un problema importante en las arcas públicas, pues ayudan sin reformar a base de dinero y más dinero.
El déficit no es el problema sino la consecuencia de la mala gestión del mismo. Las decisiones políticas son cortoplacistas y se basan en implementar subvenciones en lugar de soluciones, mientras que los problemas estructurales necesitan una redefinición cualitativa y cuantitativa no una línea presupuestaria.
La reducción del déficit planteada es necesaria pero no soluciona ninguna de las causas y trata de reducir la consecuencia, el déficit, lo cual va a ser un lastre para la economía real.
Los medios de comunicación y discursos políticos están centrándose en las medidas propuestas la semana pasada, por su relevancia, cuando en realidad son de una envergadura ínfima.
Hace tiempo que algunos creíamos que esta recuperación podía ser un espejismo, yo particularmente esperaba que durase entre 2 y 3 años antes de suceder lo que está sucediendo, supongo que el error estaba en suponer que las arcas públicas aguantarían algo más puesto que la deuda de España no es de las mayores. Si nos detenemos a ver cada uno de los problemas y como se está gestionando lo entenderemos todo.
La vivienda ha sufrido en España como en muchos otros países una burbuja. Mientras que en otros países la han dejado explotar aquí la estamos conteniendo, el problema se aplaza en el tiempo y genera efectos colaterales. Con las medidas de reducción del déficit se pretenden mantener las ayudas a la vivienda, lo que no es más que ayudar a mantener la demanda y por tanto los precios, ese si sería un buen gasto a reducir y no la inversión pública.
La burbuja inmobiliaria generó una necesidad de reajuste en el sector financiero, pero mientras en otros países han quebrado numerosas entidades financieras aquí creamos el FROB, nuevamente en vez de solucionar el problema se aporta dinero.
En EEUU el ajuste ha sido más rápido en el sector financiero e inmobiliario y ahora salen con la economía más saneada, pues los reajustes son necesarios.
Sobre el mercado laboral existen dos factores básicos que han generado el actual desempleo y que podrían hacer que se estabilice en cotas altas de forma crónica si no se toman medidas, son la actual regulación del mercado laboral y la excesiva dependencia del sector de la construcción.
Así que una burbuja inmobiliaria que se conocía se dejó crecer, generando un desajuste en el mercado laboral que se ha tratado de contener temporalmente con el plan E. Agotado el presupuesto vuelve a resurgir el problema del paro, que no es un problema coyuntural debido a la recesión sino un problema estructural.
Lo que debería hacerse en relación al paro estructural sectorial es tomar medidas de reconversión de la mano de obra y de los negocios de las empresas vinculadas, por ejemplo mediante formación o inversión pública en sectores con potencial de crecimiento.
En cuanto al paro transversal debe realizarse una reforma del mercado laboral profunda, en la cual sería necesario asentar las bases de un modelo de mercado más eficiente que derive en un mercado más flexible y suponga menor paro y mayor competitividad.
La energía puede ser uno de los detonantes de la próxima crisis relevante, dado que según avancen los años éste se va a ir agotando y las reducciones de dependencia de las energías fósiles están siendo muy lentas.
Si consideramos el dinero saliente de la inversión en inmuebles y de las inversiones financieras, según el mercado financiero se volatiliza, anticipamos un incremento de la inversión en bienes reales, que pasa por las materias primas y los alimentos. Conociendo la excesiva dependencia del petróleo y su carácter finito, tiene alta probabilidad de suceder al inmueble como la burbuja de esta década.
Las medidas tomadas al respecto son subvencionar la energía renovable y el desfase de precio energético, el estado en medio del mercado. De este modo vivimos en unas casas sobrevaloradas con difícil acceso a las mismas pero cuando accedemos al menos tenemos la luz barata. Dos mercados desajustados de forma estructural. Sería más fácil y eficiente pagar el debido precio de las cosas.
Además, en lugar de subvencionar los precios de la energía renovable gravemos el precio de la energía para realizar inversión público privada en energías renovables, potenciando uno de los sectores de futuro en los que reconvertir empleo.
Así que, gastando y sin solucionar nada, se llega a la crisis de las finanzas públicas con un elevado paro, una burbuja inmobiliaria contenida y con una segunda oleada de crisis financiera por el excesivo déficit creado.
El mercado laboral y el inmobiliario necesitan una solución urgente y de alcance nacional y el gasto público necesita urgentemente una revisión, no vemos mal eliminar el ministerio de vivienda pero antes debe reajustarse el mercado inmobiliario y entonces si habría servido para algo su creación.
La energía, posible próxima burbuja por el lado de la economía real, y las pensiones, posible próxima crisis financiera, deben afrontarse ya, de otro modo serán males identificados pero no afrontados, como la burbuja inmobiliaria o el déficit actuales.
En lo que a energía se refiere dependemos mucho del petróleo y del exterior, lo que nos resta competitividad hoy y nos hace más sensibles a la posible crisis energética venidera, teniendo un importante potencial en renovables.
En lo que a pensiones se refiere el problema viene por el bajo crecimiento demográfico, para ello las medidas han fueron básicamente el cheque bebe, tratar de comprar nacimientos, ¿realmente alguien va a decidir traer una vida al mundo por unos cientos o miles de euros?
Si sabíamos de los males actuales desde hace tiempo y anticipamos los males de finales de esta década o principios de la próxima, si la actual recesión, caso de no gestionarse bien, puede durar algunos años más, o realizamos un pacto nacional que gestione estos cuatro elementos de forma coordinada, pues la economía es un todo, o podemos pasarnos 15 de los próximos 20 años en periodos recesivos no consecutivos.
Las medidas planteadas la pasada semana, vuelven a ser medidas temporales basadas principalmente en la cuestión cuantitativa, sin afrontar las reformas estructurales que necesitamos. Además de que la reducción del déficit va a suponer un castigo directo de por lo menos igual cuantía, sino más, al pib, tenemos una inflación con un comportamiento que empieza a atestiguar la debilidad de la economía española y el inicio de la especulación en las materias primas y los alimentos.

La inflación general va incrementado progresivamente mientras que la inflación subyacente, que no considera el precio de los alimentos no elaborados y las energías, es decreciente y entra en negativo.
Estaríamos en deflación de no ser por la energía y los alimentos no elaborados, por lo tanto si se produce, tal y como anticipamos para el futuro, un importante incremento del precio del petróleo y de los alimentos básicos, podríamos caer en estanflación.
Considerando los incrementos fiscales anunciados para este año, anticipamos que el IVA se va a trasladar directamente a los precios por los productores y va a suponer otro factor inflacionista.
Por lo tanto España tiene abiertas las puertas a un escenario de estanflación, uno de los peores escenarios económicos donde las medidas monetarias y fiscales expansivas generan inflación y las recesivas impiden la recuperación, la economía queda en una situación de difícil solución.
La situación actual es muy similar a la estanflación vivida por España en los 70, donde se incrementó el gasto público y se dañaron las finanzas públicas, lo cual se acabo compensando con medidas fiscales como ahora se ha pretendido, se incrementó el problema y se devaluó la moneda buscando un rescate exterior.
La situación es elevadamente compleja en España, donde se unen los problemas mundiales y nuestros problemas estructurales, con un previsible incremento del precio del petróleo que nos someterá a una inflación contra la que no podremos hacer nada y una fuerte recesión.
Mientras se nos ha acabado la política fiscal expansiva e incluso se inicia una contractiva que va a impedir la reactivación económica, los tipos están al 1% y apenas queda margen para realizar una política monetaria expansiva y en caso de adoptarla con riesgo de entrar en una trampa de la liquidez.
Así que no teniendo medios para superar la recesión y esperando una inflación externa y con tendencia a hacerse estructural por la cuestión energética, podemos caer en estanflación sin solución, pero no por que las medidas que ayudan a un objetivo castigan al otro sino porque ya están agotadas.
Por ello, desde el punto de vista de la política económica, se evidencia la necesidad de medidas estructurales y no convencionales como el gasto o el déficit. En otro caso volverá a producirse una mal llamada crisis de liquidez, que en realidad fue una crisis de confianza, que aún dificultará más la situación mediante la restricción del crédito.
Desde la mayor objetividad e independencia posibles, el análisis de la situación económica de España en Mayo de 2010 y las previsiones de su evolución genera unas conclusiones de una contundencia mucho mayor a las medidas adoptadas.
Si en lugar de reducir el déficit, España se enfrenta a sus deberes pendientes, los mercados financieros entenderán que nuestro país tiene un problema de caja por financiar un proyecto viable, pero las medidas planteadas buscan solucionar los problemas de caja sin solucionar la viabilidad.
Ciertamente debemos reducir el déficit, pero no podemos quedarnos en ello y debemos afrontar la globalidad de la situación.
Incluso realizando todas las reformas necesarias podemos vernos sumergidos en una importante recesión a nivel mundial, pero si no se realizan la evolución de la economía española es imprevisible.
Una crisis de este tipo suele resolverse devaluando la moneda y la fuerte devaluación del euro podría ser una solución, otra podría serlo un posible repunte en las economías asiáticas y un despertar del aletargado Japón, pero la baja competitividad de España, parcialmente derivada de los problemas del mercado laboral y energético, hace dudar de que el sector exterior nos pueda rescatar.
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